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Poetisa Gabriela Mistral


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Volver a Poesías de Amor

Gabriela Mistral nació en Vicuña (Chile) el 7 de abril de 1889, con el nombre de Lucila de María del Perpetuo Socorro Godoy Alcayata.
Era hija de la modista Petronila Alcayaga, y del preceptor Juan Gerónimo Godoy, quien abandonó a su familia cuando su hija tenía apenas tres años.
Lucila mostró gran vocación por la docencia. Su poesía puede calificarse como modernista, siendo mística, emotiva y centrada en temas cotidianos.

Poesías de Gabriela Mistral

Madre Mía

Mi madre era pequeñita como la menta o la hierba; apenas echaba sombra sobre las cosas, apenas, y la Tierra la quería por sentírsela ligera y porque le sonreía en la dicha y en la pena.

Los niños se la querían, los viejos y la hierba; la luz que ama la gracia, la busca y la corteja.

A causa de ella será este amar lo que no se alza, lo que sin rumor camina y silenciosamente habla: las hierbas aparragadas y el espíritu del agua.

¿A quién se lo estoy contando desde la Tierra extranjera? A las mañanas la digo para que se le parezcan: y en mi ruta interminable voy contándola a la Tierra.

Y cuando es que viene y llega una voz que lejos canta, perdidamente la sigo, y camino sin hallarla.

¿Por qué la llevaron tan lejos que no se la alcanza? ¿Y si me acudía siempre por qué no responde y baja?

¿Quién lleva su forma ahora para salir a encontrarla? Tan lejos camina ella que su aguda voz no me alcanza. Mis días los apresuro como quien oye llamada.

Esta noche que está llena de ti, sólo a ti entregada, aunque estés sin tiempo tómala, siéntela, óyela, alcánzala. Del día que acaba queda nada más que espera y ansia.

Algo viene de muy lejos, algo acude, algo adelanta; sin forma ni rumor viene pero de llegar no acaba. ¿Y aunque viene así de recta por qué camina y no alcanza?

Eres tú la que camina, en lo leve y en lo cauta. Llega, llega, llega al fin, la mas fiel y más amada. ¿Qué te falta donde moras? ¿Es tu río, es tu montaña? ¿O soy yo misma la que sin entender se retarda?

No me retiene la Tierra ni el Mar que como tú canta; no me sujetan auroras ni crepúsculos que fallan.

Estoy sola con la Noche, la Osa Mayor, la Balanza, por creer que en esta paz puede viajar tu palabra y romperla mi respiro y mi grito ahuyentarla.

Vienes, madre, vienes, llegas, también así, no llamada. Acepta el volver a ver y oír la noche olvidada en la cual quedamos huérfanos y sin rumbo y sin mirada.

Padece pedrusco, escarcha, y espumas alborotadas. Por amor a tu hija acepta oír búho y marejada, pero no hagas el retorno sin llevarme a tu morada.

Así, allega, dame el rostro, y una palabra siseada. Y si no me llevas, dura en esta noche. No partas, que aunque tú no me respondas todo esta noche es palabra: rostro, siseo, silencio y el hervir la Vía Láctea.

Así... Así... más todavía. Dura, que no ha amanecido. Tampoco es noche cerrada. Es adelgazarse el tiempo y ser las dos igualadas y volverse la quietud tránsito lento a la Patria

.

Será esto, madre, di, la Eternidad arribada, el acabarse los días y ser el siglo nonada, y entre un vivir y un morir no desear, de lo asombradas. ¿A qué más si nos tenemos ni tardías ni mudadas?

¿Cómo esto fue, cómo vino, cómo es que dura y no pasa? No lo quiero demandar; voy entendiendo, azorada, con lloro y con balbuceo y se rinden las palabras que me diste y que me dieron en una sola y ferviente: -"¡Gracias, gracias, gracias, gracias!"

 

Fuego

Ya se acabaron las noches del verano que Dios hizo. No hizo el amoratado invierno que escarcha nidos, que traba pies de perdices y amorata pies de niños.

Vamos a encender el fuego chocando piedras de río y acarreando gajos muertos de chañar y de olivillo. Vamos el niño y yo misma: ¡no cuesta matar el frío!

Aunque se apriete la noche como puño de bandido, en unos momentos salta atarantado y divino; no salta de nuestras manos, sube como de sí mismo.

-Mira tú, ve cómo saltan y ojean con gestos vivos. ¡Sí, si, sí! dicen al fuego, locas de atar, en delirio. ¡Sí, sí, sí! dicen a la llama ¡y tú teniéndole miedo!

-Mama, ríes como loca, ¿Cómo es que no tienes miedo? Son unas locas de atar. ¡Me dan miedo, me dan miedo!

-¡Vaya unas locas de atar y tú teniéndoles miedo! -¡Vaya unas locas de atar y tú riendo, riendo!

-Pena de niñito mío que llora de ver un fuego. Seguiremos por hallar en donde duermas sin miedo.

-¿A dónde es que ahora vamos? Dilo tú, mis cuatro miedos. Te asustas de una cascada, de un forastero, del viento, te asustas hasta del susto que doy pasando los pueblos. ¿Qué hago contigo esta noche para que no tengas miedo?

El fuego nunca se muere, él espía entredormido, malicioso el ojo de oro y subiendo repentino.

Por aquí anduvieron otros y habrá rescoldos dormidos, y si sólo son cenizas, comenzarlo da lo mismo.

Ya vienen las ramas muertas y vienen a su destino; jueguen a alcanzar el cielo, sesteen a lo divino.

Juega al subir y al caer, juega al muerto y queda vivo. ¡Ay! la hermosura caída del cielo...

Cuando es que desaparece vuelve en otro y es el mismo. Todos danzamos por él y de él desde que nacimos.

Está donde cabrillea en horno y brasero vivo, está en amor y dolor rojo-azul, dorado y fino.

Pena de dejar atrás cosa linda, padre fuego.

-Mama, por esto también será que te tienen miedo. Mama, me da miedo el fuego, tómame, que doy un grito.

No vamos, que comeremos lo amañado y recogido.

Las castañas gruñen, saltan del rescoldo, miedosillo. En comiendo dormiremos guardados de padres-pinos.

Y si también te me vuelves, niño trabado de miedo ¿con quién voy a caminar la tierra, si es que yo vuelvo? ¡un hombrecito tan fuerte que llora porque ve fuego! Quieres seguir caminando, pero, ¿dónde no habrás miedo?

-Paremos donde haya gente y yo pido alojamiento.

-Y te despides de mí, porque ¿cómo yo me acerco?

-¡Ay, mama, a qué fue venir así, parecida a un cuento! Sigamos mejor, quién quita que encontremos otro pueblo.

-No repitamos la historia. Duerme, aquí de cara al cielo.

 

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La Liana

En el secreto de la noche mi oración sube como las lianas, así cayendo y levantando, y a tanteos como el ciego, pero viendo más que el búho. Por el tallo de la noche que tú amabas y que yo amo, ella sube despedazada

y rehecha, insegura y cierta. Aquí la rompe una derrota, más allá un aire la endereza. Una camada de aire la aúpa, un no sé qué me la derriba. O ya trepa como la liana y el géiser a cada salto recibidos y devueltos. O ella es y yo no soy; ella crece y yo perezco. Pero yo tengo mi duro aliento y mi razón, y mi locura, y la retengo y la rehago al pie del tallo de la noche.

Y es siempre la misma gloria de vida y la misma muerte: tú que me ves y yo que te oigo, y la pobre liana que sube y cayendo remece mi cuerpo.

Coge el cabo desfallecido de mi oración, cuando te alcanza, para saber que la tomaste y la sostengas la noche entera.

La noche se hace de pronto dura como el ipé y el eucalipto; se vuelve cinta de camino o queda y dura en río helado. ¡Y mi liana sube y te alcanza hasta rasarte los costados! Cuando se rompe, tú me la alzas con los pulsos que te conozco, y entonces se doblan mi soplo, mi calentura y mi mensaje. Sosiego, te nombro, te digo uno por uno todos los nombres. ¡La llana alcanza a tu cuello, lo rodea, lo anuda y se aplaca!

Se aviva entonces mi pobre soplo y las palabras se hacen río, y mi oración así arribada ¡al fin sosiega, al fin descansa!

Entonces ya sé que arriba la liana oscura de mi sangre y el rollo roto de mi cuerpo, en oración desovillado.

Y aprendo yo que la paciente gime cortada, luego se junta y vuelve a subir, y subiendo a más padece, más alcanza.

En esta noche, tú recoge mi llamado, tómalo y tenlo; duerme, mi amor, y por ella hazme bajar mi propio sueño, y como era sobre la tierra, así amor mío, así quedemos.


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A Donde es que Tu me Llevas

¿A dónde es que tú me llevas que nunca arribas ni paras? O es, di, que nunca tendremos eso que llaman "la casa" donde yo duerma sin miedo de viento, rayo y nevadas. Si tú no quieres entrar en hogares ni en posadas ¿cuándo es que voy a dormir sin miedo de las iguanas y cuándo voy a tener cosa parecida a casa? Parece, Mama, que tú eres la misma venteada...

-Si no me quieres seguir ¿por qué no dijiste nada? Yo te he querido dejar en potrerada o en casa y apenas entras por éstas te devuelves y me alcanzas y tienes miedo a las gentes que te dicen bufonadas y en las ciudades te azoran los rostros y las campanas.

-Es que yo quiero quedarme contigo y tú nunca paras.

Di siquiera a dónde vamos a llegar. ¿Es en montañas o es en el mar? Dilo, Mama.

-Te voy llevando a lugar donde al mirarte la cara no te digan como nombre lo de "indio pata rajada", sino que te den parcela muy medida y muy contada. Porque al fin ya va llegando para la gente que labra la hora de recibir con la diestra y con el alma. Ya camina, ya se acerca, feliz y llena de gracia.

 

Amanecer

Hincho mi corazón para que entre como cascada ardiente el Universo. El nuevo día llega y su llegada me deja sin aliento. Canto como la gruta que es colmada canto mi día nuevo.

Por la gracia perdida y recobrada humilde soy sin dar y recibiendo hasta que la Gorgona de la noche va, derrotada, huyendo.

 

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